miércoles, 17 de febrero de 2016

Lluïsa Lladó

LA MARQUESA DE SEDA - Lluïsa Lladó
Muy interesante libro editado por Unaria en el que Lluïsa Lladó vuelve a impactar con su lenguaje fresco y atrevido, en una refinada línea erótica reivindicativa de la igualdad femenina, en ningún momento hiriente ni exacerbada. Al contrario; todos los poemas fluyen en un vitalista y activo espíritu de positividad, que usa la sensualidad para ponernos al corriente de aquellas aspiraciones humanas que la poeta alberga en su sensibilidad. Podéis ver estos vídeos para entender mejor el calado emocional de Lluïsa.
VIDEO sobre Llüisa Lladó:     https://www.youtube.com/watch?v=EQFSiiCK7nQ
VIDEO sobre poemas de Llüisa Lladó: https://www.youtube.com/watch?v=ynHkgunOh3o



VIDEO sobre Llüisa Lladó:     https://www.youtube.com/watch?v=EQFSiiCK7nQ

VIDEO sobre poemas de Llüisa Lladó: https://www.youtube.com/watch?v=ynHkgunOh3o

sábado, 28 de noviembre de 2015

Eva Sarrias Rodríguez

  MEMORIA DEL CUERPO - Eva Sarrias Rodríguez (Editorial Círculo Rojo) 

     Querríamos que el amor llegara a nuestra vida para quedarse en ella de forma dulce, sensual y apasionada, sin perder, ni un ápice de la intensidad tanto corporal como espiritual que en la espera de su venida siempre nos prometió. Sin embargo, como podemos observar en la lectura de este poema, representativo del poemario recién presentado por Eva Sarrias, el amor deseado, llega a nosotros, en general, de una forma menos idílica de la esperada, de una forma menos corporal y pasional y si tenemos la fortuna de que lo haga de ese modo, siempre será bajo la amenaza de lo precario, lo efímero y lo transitorio. 
      De ahí que "el amor se adormece para extinguirse casi sin haber percibido su grandeza" , de ahí la idealización del encuentro furtivo con el ser amado, la sublimación de su corporalidad, de ahí  la memoria de esa carnalidad, de ese olimpo de los dioses griegos que con sus pectorales aceitados y atléticos inundan de promesas sensuales y eróticas, el deseo de alcanzar la felicidad y la plenitud.
     El poemario se presenta dividido en dos partes, con el nexo común de la citada corporalidad masculina idealizada. En la primera, "Placeres Efímeros", se abunda en la idea del deseo y sensualidad, como herramienta pasional que conduce al amor, pero que suele dejar siempre un poso de insatisfacción, ya que nunca conseguimos aprehender del todo, poseer del todo, la parte espiritual de esa posesión material del objeto amado.
   Seguramente por eso, en la segunda parte: "Evasión", Eva, devuelve a su medio natural, al Adonis y al Apolo, es decir, a aquel entorno deportivo donde ese cuerpo, objeto de deseo y de enamoramiento, se ha desarrollado y formado y donde en realidad cumple su función corporal más significativa. La autora expresa así su deseo de que ese cuerpo, objeto de culto, continúe cultivándose libre de las ataduras amorosas, que de algún modo le privan de la pureza original y virginal de la que proviene. El deporte alcanza en esta parte del poemario, la categoría de elemento purificador que sacando de las alcobas a los amantes, les hace comprender un significado más profundo del amor, en la belleza de la tersura muscular.
El etéreo Psicobloc, el contingente Salto Base, el irreal Submarinismo, al ir más allá de cualquier utilidad terrestre, da a los cuerpos musculosos y endurecidos, la categoría angélica y espiritual necesaria, para que el amor y el erotismo, comulguen en una misma y apasionada celebración. ¡Enhorabuena a su autora por esta acertada conjunción poética!      Norberto García Hernanz

martes, 14 de octubre de 2014

Emilio Siegfried

LOS VERSOS VUELAN DESPACIO                                                Emilio Siegfried
Ediciones Vitruvio     (Colección Covarrubias 2014)
Lejanías, Camino a la nada,  Luz en el camino, El tiempo de los días.

RÁFAGAS
Como ráfagas de aire así desapareces.
Con olas de mar sobre la playa
adviertes que el viento vino.

Huellas de amores quebrados,
cuántas las batallas que he librado
y he vencido.

Pero ahora sin ti es desaliento
todo lo que soy y nunca he sido;
como al aire te quiero a ti,
como al aire que respiro,
como a estas ráfagas de un ser
al que no puedo besar, ni ver,… ni hablar.
Por eso escribo.

Toda su ilusión y empeño ha puesto Emilio Siegfried en esta “opera prima”, publicada por Ediciones Vitruvio en su colección Covarrubias.
En un poemario cargado de románticos encuentros con la naturaleza, las estaciones y el amor, el autor ahonda en sus sentimientos íntimos, para interpretar todo aquello que le rodea y preocupa, desde una perspectiva un tanto nostálgica a la par que descriptiva de su presente, en el que da forma en diferentes métricas a su sentir poético.
“Los versos vuelan despacio”, es una obra fresca, sincera y transparente, alejada de corrientes poéticas contemporáneas, escrita en tono ecléctico y vitalista, que se deja llevar por la pasión de cada momento vivido.
En ella vemos al autor pasar de las experiencias amorosas, a las lúdicas, vacacionales, evocadoras de otros tiempos, reflexivas ante el paso de los días, descriptivas de mares, de espacios, de esperas, todo ello conducente a que sepamos quién se encuentra allí prendado, en esos versos,  del decurso de la vida y de sus trances.
Libro pues con mensaje de experiencias vitales y meditativas, desarrollado con un ritmo enlentecido por su autor, en el que incide con la propia palabra “despacio” que utiliza en el título y en varios de sus poemas, disfrutado de la contemplación de la naturaleza y los paisajes que tanto gusta pasear.

De esa "delicada lentitud" ha surgido este poemario en que el estilo poético, varía como dijimos, desde la rima acertada a la libertad desbocada del verso libre. Deseamos futuros libros y éxitos a Emilio Siegfried desde esta rampa de lanzamiento que supone su primer poemario.
                                                                                  Norberto García Hernanz

sábado, 27 de septiembre de 2014

Lluïsa Lladó


No todas las trayectorias poéticas tienen la misma evolución. Las hay que son inmovilistas en cuanto a la temática, tratando de profundizar en su lenguaje y estructura, mientras otras repiten sus modelos armónicos a la vez que experimentan con los motivos de inspiración.
Ni lo uno ni lo otro es mejor ni peor, máxime cuando, como está demostrado, existen poetas consagrados que basan su éxito en el mantener los mismos presupuestos, con la única condición de conservar a lo largo del tiempo la brillantez de su discurso.
En el caso de Lluïsa Lladó, tenemos ocasión de asistir en su segundo poemario, Elbosqueturquesa, a una evolución notoria en cuanto la temática y a la vez, aunque en menor medida, en el lenguaje poético que continua siendo original y sorpresivo.
Como ya decía María Luisa Mora Alameda en la presentación del primer poemario de Lluïsa, Azul-lejos, nos hallamos ante un diamante en bruto que de forma autodidacta no deja de tallarse a sí misma y que, como ya está demostrando, con el paso del tiempo, nos irá sorprendiendo cada vez más con la valentía de su buen decir.
Y es que valiente es su lenguaje, que intercala colorido y armonía con giros surrealistas y radicales contrastes, y valiente es su alternancia temática, conducente bajo diferentes escenarios y temporalidades al objetivo final de su escritura.
En el caso de este segundo poemario, la autora nos retrae a épocas pasadas de su existencia, en las que un bosque turquesa, donde se mezclan los recuerdos y las ensoñaciones, esconde toda la intimidad de la adolescencia, en la que primero fue niña, luego hija y luego adolescente temerosa, combativa, apasionada,…
Quedan pues atrás los contenidos de pasión amorosa y experiencia diaria visceral del primer libro, para dar paso, ahora, a un ejercicio de introspección donde retoma los orígenes, en el recuerdo de otros amores primerizos, tiernos como la inexperiencia de las primeras amistades, así como el reconocimiento de los ancestros, que en la madurez siempre se nos hacen más entrañables y próximos.
Todo ello escondido en ese refugio boscoso y turquesa, del que la autora duda salir y en el cual mantiene la tentación de permanecer. Todo ello complementado por el colorido que en la evolución ha variado  -pero no excesivamente-, del azul ultramar al turquesa más puro, siempre bajo la óptica mediterránea que embriaga de colorido marino, el sentimiento y la inspiración poética de Lluïsa.
Ese mudar inverso dentro de la experiencia vital, que experimenta la poetisa en su segunda obra, es lo que junto con su lenguaje tan peculiar, expresivo y rompedor, hace de este poemario una obra recomendable para los amantes de las nuevas tendencias contemporáneas.
                                                                                    Norberto García Hernanz

martes, 17 de junio de 2014

Raquel Lanseros



LAS GRANDES VERDADES Y LA JUGADORA DE AJEDREZ

Sobre  el libro “Las pequeñas espinas son pequeñas”
 de Raquel Lanseros (Hiperión)
           
Dos libros han coincidido en mis manos estos días y en los dos he encontrado aspectos coincidentes, sobre todo en el tema de la Verdad, en el que estoy enfrascado últimamente.
El primero es el poemario de Raquel Lanseros “Las pequeñas espinas son pequeñas”, del cual deseo hacer amplio comentario aquí, y el segundo el ensayo filosófico “¿Cuánta verdad necesita el hombre?” de Rüdiger Safranski (Ensayo Tusquets Editores).
Determinadas alusiones a la verdad en el poemario de Raquel Lanseros, han motivado que alterne la lectura de ambos libros.
Sin ir más lejos, ya en su poema inicial he podido leer:

“La verdad no está en nadie, pero acaso
las palabras pudieran engendrarla” (Contigo)

algo que en seguida me ha puesto en prevenga sobre el interés que profesa la autora al tema de la verdad, o a su posible generación literaria y me ha remitido a una frase de Kafka, citada en el libro de Rüdiger, “En la escritura y sólo en ella se alcanza la verdad de la vida”.
Y es que independientemente de que Raquel Lanseros, haya conseguido hacer de su obra un muestrario de estados de ánimo y de actitudes ante los acontecimientos de las diferentes etapas de su vida, en que el optimismo, es la opción adecuada para darnos esperanza en medio de la debacle, también a dado otra vuelta de tuerca (dentro de su trayectoria poética) a la introspección sobre la verdad y la realidad circundante para comprender mejor aquello que nos rodea; el sentido, el consuelo, las explicaciones que la vida pueda alcanzarnos desde el conocimiento de algunas verdades.
En su poemario la autora, alterna con maestría los temas amorosos, con los nostálgicos, viajeros y los vitalistas-filosóficos de un modo profundo solamente comparable a la forma en que los maestros de ajedrez son capaces de hacerlo.
Y es que hay, que decirlo ahora, en Raquel se aúnan todas las características que definen modernamente a una buena poeta. No solamente hay que tener algo que contar y no solamente hay que saberlo contar, sino que resulta fundamental el emplear el lenguaje poético adecuado calculando el modo en que el mensaje transmitido llegará a un posible lector de forma similar a la que un maestro de ajedrez calcula las jugadas ganadoras en posteriores jugadas de la partida.
Raquel al igual que ya lo hacía en Croniria, sigue preguntándose dentro de esos niveles de profundidad literaria, sobre lo trascendente, sin renunciar a ningún asidero que pueda mantenerla en la inocencia de la juventud:
“Ayudame, Señor, quien quiera que tú seas
espectro, voz en off, deidad doméstica.
incógnita, yo schopenhaueriano,
hálito cuántico del cosmos unitario. (Plegaria del clarividente)

Se pregunta también, en términos solipsistas, sobre el sentido de interpretar la realidad desde la soledad, esa soledad que según avanza la vida vamos teniendo que asumir e interpretar.
            “¿Existirá la piedra cuando nadie la mire?
            …………………………………………..

            ¿Quién está percibiendo a través de nosotros? (La subrogación perceptiva)
  
Usa también sus poemas para defenderse de los miedos vitales, respecto de las sospechas de finitud y de que todo se acaba antes o después.
La poetisa recae en la realidad de la vejez de sus ancestros en poemas como “Compatriota de los robles”, (donde aparece la frase que da título al libro), en “Villancico remoto”, “Acción de gracias entre tus brazos” o en “Faros abandonados”, para también recaer en la realidad del acabarse uno mismo, propio de la media edad, en la que este tipo de reconsideraciones aparecen vivamente, como elemento realista de defensa ante los propios miedos.
Así podemos ver en “Plegaria del clarividente”
“No me sirven las cosas.
Todas me son ajenas.
Sé que voy a marcharme sin bolsillos.”

o en “Apunte para una despedida”
“Ya no soy inmortal. Me corresponde
la forzosa medida de mi edad.”

El mensaje global, en cualquier caso, es que las pequeñas espinas deben de ser pequeñas y no debemos magnificarlas; no deben ponernos trabas para avanzar optimistamente en la vida. La desaparición y enfermedades de nuestros ancestros no deben de hacer que nuestro ánimo decaiga, ese es el mensaje final que se trasluce en versos como:
“Sé que tengo sentido porque vivo
y sé que no hay dolor ni menoscabo
que pueda inmolar esta fortuna
de ser el presente, de existir,
de sentirme el orfebre del instante.”
(Himno a la claridad)

Y así acabamos en el lugar que empezamos. ¿Qué responder al verso “No hay verdad más profunda que la vida” con el que Raquel quiere categorizar y cerrar el círculo de verdades que ella necesita?
Ella quiere trasmitirnos que quizá en el aferrarnos a la vida haya que dejar la investigación sobre la verdad. Que es esta realidad la que nos va a salvar y a conferirnos la inmortalidad instantanea en lo perentorio. Que solo viviendo intensamente conseguimos el Ars Oblivionalis necesario para alcanzar la felicidad.
Como decía Kleist en 1801 (según leo en el libro citado de Rüdiger): “Mis momentos más felices son aquellos en los que logro olvidarme de mí mismo”.
Para los que leáis “Las pequeñas espinas son pequeñas” un poema que me ha llegado…. Faros abandonados.
¡Enhorabuena Raquel! Esta obra es un paso más hacia adelante en tu ya consolidado quehacer poético.                                                                                          Norberto García Hernanz

miércoles, 21 de mayo de 2014

Olga Guadalupe


      Son Voces Dispares las que el poeta suele escuchar en sus sueños, en sus retiros inspiradores y experiencias sentimentales y Voces Dispares, y sin embargo equilibradas, las que Olga Guadalupe hace   confluir   en   este  poemario,   desde  diferentes  ópticas,   tonalidades  líricas   y  escenarios motivadores.   La línea argumental  de  esta  obra  que la autora ha desarrollado a lo largo de casi tres años, comienza con ensoñaciones que hablan en segunda  persona de nostalgias e infortunios amorosos   y  vitales,   para    desembocar, en el cuerpo central del poemario, en un laberinto vital, ya en primera persona, donde   el    predominio   de   las   sensaciones   amorosas   abren   paso   hacia  las  demás  facetas sentimentales,   donde   la   vida  se   enreda,   complica,   huye,   hiere  y   quema.  Esa  "vida que inventamos"  junto  al  ser  amado,  a  los  animales  amados,  a  las  soledades queridas y a las no deseadas,  en  cuyo   desarrollo  Olga  Guadalupe  se  detiene  de  cuando  en  cuando, para hacer posteriormente hondas reflexiones sobre la propia poetización de todo lo vivido.
       Viene a sugerirnos que la poesía, en su construirse  y llenar papeles blancos, forma parte del propio  laberinto  donde el  poeta y el poema confluyen con lo vital como unos elementos más del entramado existencial.
       Así le gusta concluir en la contraportada:
                                                           "Posesión leve
                                                             laberinto perpetuo
                                                             esto de urdir poemas
                                                             para tejer nuevos silencios."
       Como tantos otros autores, Olga siente el vértigo del silencio  como amenaza enjuiciadora de aquello   que  los  poetas  transmiten  mediante  la  palabra, como si  el silencio, al final, pudiera aportarnos verdades más auténticas que las expresadas con el corazón por los versos.
       No cabe duda que el silencio espera a que las palabra acabe de pronunciarse, para obtener en su  ausencia  conclusiones,  pero  nada  sería  su  nada ( la del silencio),  si  previamente  el  flujo literario no se produjera y no trasmitiera con maestría su contenido.
     Esa maestría la podemos observar en este poemario, a través de una exquisita musicalidad y un lenguaje   poético  muy  acertado,   variado  y   contemporáneo,  haciendo en ocasiones  guiños  intencionados  a modos más clásicos.
   Voces Dispares es pues una obra de consolidación que marca la madurez creativa de su autora.
                                                                                                             Norberto García Hernanz